14 de diciembre de 2008

De noche

¡Hundirse en la noche! Así como a veces se sumerge la cabeza en el pecho para reflexionar, sumergirse por completo en la noche. Alrededor duermen, los hombres.
Un pequeño espectáculo, un autoengaño inocente, es el de dormir en casas, en camas sólidas, bajo techo seguro, estirados o encogidos, sobre colchones, entre sábanas, bajo mantas; en realidad se han encontrado reunidos como antes una vez y como después en una comarca desierta: Un campamento al raso, una inabarcable cantidad de personas, un ejército, un pueblo bajo un cielo frío, sobre una tierra fría, arrojados al suelo allí donde antes se estuvo de pie, con la frente contra el brazo, y la cara contra el suelo, respirandoo pausadamente. Y tú velas, eres uno de los vigías, hallas al prójimo agitando el leño encendido que cogiste del montón de astillas, junto a ti. ¿Por qué velas? Alguien tiene que velar, se ha dicho. Alguien tiene que estar ahí.


Franz Kafka
"Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un poquito. Luego, otro poquito. Me llevé el vodka a los labios, conseguí inclinar la cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido. Como todos los demás.
Me desperté deprimido. Miré el techo, las grietas del techo. Vi en ellas un búfalo que se lanzaba sobre algo. Pensé que era sobre mí. Luego vi una serpiente con un conejo en la boca. El sol entraba a través de las rajas de las persianas y formaba una esvástica en mi vientre. El agujero del culo me escocía. ¿Sería que tenía otra vez hemorroides? Tenía el cuello rígido y la boca me sabía a leche agria.
Me levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de los ojos. Ojillos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja. Parecía como si le disgustara ser parte de mí. Las cejas retorcidas para abajo parecían enloquecidas, unos pelos de cejas enloquecidas. Horrible. Tenía un aspecto asqueroso. Y ni siquiera tenía ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al retrete a mear. Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló en el suelo. Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me había olvidado de levantar. Arranqué un buen pedazo de papel higiénico y lo limpié. Limpié el asiento. Eché el papel dentro de la taza y tiré de la cadena. Fui a la ventana, miré hacia afuera y vi una cagada de gato en el tejado de la casa de al lado. Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes, apreté el tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era verde. Era como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones. Terminé de cepillarme los dientes y me volví a la cama. No me quedaba ninguna energía, ningún ánimo. No era más que una chincheta. Un pedazo de linóleo. Decicí quedarme en la cama hasta mediodía. Quizá para entonces la mitad del mundo se habría muerto y sería sólo la mitad de duro de sobrellevar. Quizá si me levantase a mediodía tendría mejor aspecto, me encontraría mejor. Una vez conocí a un tipo que no defecaba desde hacía días. Al final simplemente explotó. De verdad. La mierda le salió volando de la barriga. Luego sonó el teléfono. Lo dejé sonar. Nunca contesto al teléfono por la mañana. Sonó 5 veces y luego paró. Ya. Estaba a solas conmigo. Y como era asqueroso, era mejor que estar con otra persona, con cualquier persona de las que andan por ahí con sus penosas triquiñuelas y juegos de manos. Me subí las mantas hasta el cuello y esperé. "


Charles Bukowski (Fragmento de Pulp, capitulo 22)
Quiero dibujar...

9 de diciembre de 2008

- ¿¿Madurez y decadencia??
- Por supuesto. Y el año que viene, más

2 de diciembre de 2008

Cuántas vidas vivimos.
Cuántas veces morimos.
Dicen que todos perdemos 21 gramos en el momento exacto de la muerte.
Todos.
Cuánto cabe en 21 gramos.
Cuánto se pierde.
Cuándo perdemos 21 gramos.
Cuánto se va con ellos.
Cuánto se gana.
Cuánto, se gana.
21 gramos.
El peso de 5 monedas de 5 centavos.
El peso de un colibrí.
De una chocolatina.
Cuánto pesa 21 gramos.
21 gramos

Motivos. Porqués.

Con la simple intención de jugar, a un juego libre de intercambio, con el fin de enjendrar una criatura, resultante de la espontaneidad y libertad que se intenta respirar, sin faltar a ningun código.
Para ser capaz de dialogar de una manera delirante a través de tu pantalla.
Para compartir de manera íntima y a la vez absurda todo este desconcierto y convertirlo en un reto.
Un reto constructivo y enriquecedor para mantener a raya el ego.
Compartir y ceder.
Un símil de escalera sin final, haciendo alusión a lo que no podemos escapar.
Sacando fuera de contexto todo lo que hacemos. "Abre los ojos armonía"-

Pulso firme

¿¿Tú crees que tenemos algo en común??

1 de diciembre de 2008

El mundo no desaparece cuando cierras los ojos

En la medida en que soy un producto del azar material, un cuerpo del azar, obligado a tener un cierto, o quizás un incierto, número de pensamientos al azar... Busco el otro lado, la noche.
A penas siento los detalles, las pequeñas cosas que jamás se expresan con palabras, y siento ciertos momentos externos, aunque no lo desee. Lo uno todo y consigo sentir.

Tengo que creer que cuando mis ojos no estan cerrados, el mundo sigue ahí. Quiero encontrarme como noche y como otro lado. Fuerza la garganta y los labios.
He construido un centenar de escenas en las que ries, y olvidas (con la rima de un nombre en "i"). Ya no sé como filmar este alfabeto limitado. No se como concentrarme, no escucho lo que me dicen. No se trata de que me equivoque de interpretación, no tomo una conversación histérica, ni la inversa. Es más sencillo y más radical: he dejado de escuchar. Tan simple y onduladamente.
Porque el fin del mundo es una mala digestión. No hay estímulos inmediatos ni princesas que salvar, al menos a este lado.